Cuba necesita paz y libertad: no porque lo diga Trump, sino porque ya nos toca
De la esperanza fallida de 2016 al escenario crítico de 2026: por qué el régimen debe elegir hoy entre la transición o el colapso total.

Hace casi 10 años, en marzo de 2016, la Embajada de Estados Unidos en Cuba me invitó al Gran Teatro Alicia Alonso para que escuchara el discurso de Barack Obama durante su visita a la isla1. Horas antes de ese discurso, la Seguridad del Estado me amenazó mediante una llamada telefónica para advertirme que sabían que yo había sido invitado y que me estarían vigilando porque a ese discurso también iría la “alta dirección de la Revolución cubana”. Y en efecto, allí estaban Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel. Fue la primera (y única) vez que vi de cerca a un Castro y a un presidente de Estados Unidos, todo en una misma sala. La Seguridad del Estado cumplió su promesa y envió un agente disfrazado de empleado del teatro que me hizo saber que estaba allí para vigilarme. Eso sucedía mientras Obama hablaba en su discurso sobre la importancia de la democracia: “There’s still enormous problems in our society. But democracy is the way that we solve them”.
Cuando salí de ese discurso me di cuenta de que el régimen no tenía ninguna intención de abrir el país, de transitar hacia una democratización.
Una década después Cuba está sufriendo la peor crisis humanitaria de su historia y se encuentra a punto del colapso porque quienes tienen el control del país siguen aferrados a la idea de que la isla les pertenece. El régimen se ha negado a escuchar a los cubanos que han intentado hablarle de muchas maneras para pedir lo mismo: que nos devuelvan el país. El 11 de julio de 2021, hace ya casi 5 años, miles de cubanos salieron a las calles a pedir libertad, democracia, cambio de sistema. Pero la respuesta del régimen fue nuevamente la represión y la expulsión de más de 1 millón de personas al exilio, muchas de ellas están hoy en situación irregular en los países a los que huyeron.
Hace unos días tropas de Estados Unidos entraron a Venezuela y detuvieron a Nicolás Maduro. En la operación murieron varios cubanos que eran guardaespaldas del dictador venezolano. Luego de esa operación la administración de Donald Trump ha enviado un mensaje a La Habana: “make a deal, before it's too late”. El régimen venezolano liberó a varios presos políticos (también lo hizo la dictadura nicaragüense del clan Ortega-Murillo) y aunque aún no se vislumbra nada claro, este parece ser el inicio de una transición a la democracia en Venezuela. Sin embargo La Habana no ha hecho ningún gesto para liberar presos políticos o abrir el camino hacia una transición democrática.
El régimen cubano se enfrenta a un escenario político sin precedentes después de 67 años en el poder. Es un buen momento para cambiar el rumbo de la historia, no porque lo diga Trump, sino porque llevamos décadas pidiendo que nos devuelvan la República de Cuba.
Deberían comenzar por liberar a los presos políticos que están en la cárcel por pedir respeto a los derechos humanos, libertad de expresión, democracia. Deberían hacerlo porque es lo correcto, no porque lo pida el presidente de Estados Unidos.
Otro paso inmediato debería ser permitir que regresen miles de cubanos que tienen prohibida su entrada al país. No porque lo diga Trump, sino porque Cuba es el hogar de todos los cubanos.
El régimen debería empezar inmediatamente a respetar la libertad de expresión y de prensa, no porque lo diga Trump, sino porque es positivo que todas las ideas sean escuchadas. Esa libertad contribuye al desarrollo de una sociedad próspera y vibrante.
El régimen cubano debería abrir el camino al reconocimiento de la libertad de asociación y a la creación de partidos políticos diferentes al Partido Comunista de Cuba (único legal en el país), no porque lo diga Trump, sino porque es un derecho que se nos ha negado durante 67 años.
Este es el momento de cambiar el rumbo y de evitar un escenario de colapso total que derive en un baño de sangre innecesario. Después de 67 años de dictadura, Cuba necesita sanar y reconstruir todo lo que está destruido. No porque lo diga Trump, sino porque ya nos toca.
La verdadera valentía hoy no está en responderle a Trump “enérgicamente”, el verdadero coraje está en tomar la iniciativa, aprovechar este momento para abrir el juego y comenzar a construir un país diferente.
La República “Con todos y para el bien de todos” no es una petición de Trump, de Obama o de cualquier presidente de Estados Unidos, esa república fue un sueño de José Martí que en 67 años el régimen cubano no ha honrado. Es el momento de comenzar a hacerlo.
Aunque la invitación física reza que «El Gobierno de la República de Cuba le invita», quien gestionó mi asistencia y me entregó el documento fue la Embajada de Estados Unidos en La Habana.

